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Cómo ocurrió la balacera en México que dejó 22 muertos

Autor: AP

03 Dec 2019

Cómo ocurrió la balacera en México que dejó 22 muertos

Foto AP
La ventana de un negocio ubicada cerca del ayuntamiento del pueblo de Villa Unión, Mexico, aparece llena de hoyos de balas tras un tiroteo.

México (AP) — Cuando docenas de camionetas llenas de hombres con armas de grueso calibre irrumpieron en Villa Unión, en el estado norteño de Coahuila, los vecinos de la pequeña localidad cerca de la frontera estadounidense empezaron a darse cuenta de que eran el blanco de una invasión de escala militar. Lo que siguió fue más de hora y media de intensos tiroteos entre un contingente del tamaño de una compañía (se estima que tenía entre 70 y 150 hombres) y la policía estatal, y horas de operaciones de rastreo en las inmediaciones. En total murieron al menos 22 personas: 16 sospechosos, cuatro policías y dos civiles. Al menos 50 viviendas y edificios quedaron marcados con agujeros de bala.

Las autoridades encontraron después 25 vehículos abandonados, algunos con ametralladoras fijas y blindaje soldado. Muchos tenían letreros impresos de forma profesional que los identificaba como vehículos del cártel. Al menos cuatro estaban equipados con ametralladoras de calibre 50. Un vecino dijo que había visto al menos el doble de camionetas, de modo que algunas habrían escapado.

Así describieron la terrorífica jornada varios habitantes de Villa Unión, la mayoría de los cuales pidieron no dar su nombre por miedo a represalias.

Los vecinos del pueblo de 6.000 habitantes disfrutaban de un largo fin de semana con familiares llegados de Estados Unidos para celebrar el Día de Acción de gracias, o el “Día del Pavo”, como dicen en la localidad, un par de días antes. Tras un periodo de terror entre 2010 y 2013, el viejo cártel de Los Zetas que había dominado la población se había debilitado, y la violencia había remitido.

Una caseta donde se asan pollos empezó a preparar la lumbre para los almuerzos.

“Desde el jueves empezó a caer mucha gente con el Día del Pavo y nos iba a caer buena venta”, indicó un vendedor de comida de la plaza central del pueblo.

Los habitantes en el lado este de Villa Unión, el lado más cercano a la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo, en el vecino estado de Tamaulipas, donde tiene su base el Cártel del Noroeste -una escisión de Los Zetas- empezaron a ver caravanas de camionetas que entraban en el pueblo. Al principio, muchos vieron los chalecos y el equipo táctico que llevaban los pasajeros y pensaron que eran policías o soldados.

“Mi cuñado contó 50, pero llegaron más por otro lado”, dijo un hombre.

Un tendero vio pasar 20 camionetas, pero dejó de llevar la cuenta cuando vio que algunos llevaban placas de Texas o iban sin ellas. Sabía que eso significaba que no eran policías. Otros empezaron a ver camionetas con las letras “CDN” en el lateral, siglas del Cártel del Noroeste.

La gente empezó a esconderse.

El tendero que se había fijado en las placas entró en su tienda y se escondió tras el mostrador. Los agresores bajaron de sus vehículos con fusiles de asalto y en cuanto el comerciante cerró su puerta, empezaron a disparar hacia el ayuntamiento.

“No sabes ni qué pensar en ese momento, solo te escondes”, dijo el tendero.

A un lado de la alcaldía, una ambulancia y una camioneta oficial quedaron acribilladas. Otra ardió.

A una cuadra del ayuntamiento, una abuela se metió en un armario con sus dos nietos para protegerlos mientras las balas volaban por todo el pueblo. “El tiempo se me hizo eterno”, dijo.

Junto al ayuntamiento, que era el blanco del ataque, el párroco Federico de los Santos estaba en su iglesia junto con media docena de feligreses cuando empezaron los disparos. Se arrojaron al suelo entre el sonido de los disparos, y el sacerdote llamó en varias ocasiones al obispo para contarle lo que estaba pasando.

Un joven que caminaba por la plaza central cuando estalló la balacera corrió hasta el puesto de los pollos asados. Dio golpes en una de las puertas hasta que el propietario, de 71 años, le abrió. Ambos se quedaron ahí refugiados.

“Yo (no) había visto ninguna balacera así salvo en las películas”, dijo el anciano.